Mario Soberón no deja indiferente a nadie: ha disparado, ha cabeceado, ha asistido, ha presionado, ha movido a la defensa rival y ha acumulado tres remates al poste en tres jornadas seguidas. Pero su cuenta goleadora sigue a cero.
Suma 525 minutos en los ocho partidos, 14 disparos, 104 pases, una asistencia, dos intercepciones, una amarilla y nueve faltas, con cero goles. Solo Corpas lo supera en remates (17 en 720 minutos), pero Soberón tira más a menudo: un disparo cada 37,5 minutos frente a uno cada 42 del extremo (cálculo propio).Entre los dos delanteros acumulan 31 disparos sin premio, causa principal de la mala situación del Alba. Y su perfil es el de un nueve de sacrificio: es el que menos pases da de los seis (104), el que más faltas comete (9, por delante de las 8 de Ortuño y Corpas) y el único con una asistencia. Lo que le falta no es trabajo, es acierto.
El día en que casi hace efecto
Lo anticipábamos en Día clave para Soberón en Girona: era la ocasión de reivindicarse, de devolverle a Alberto González la confianza depositada en él y de hacerlo, además, en un campo donde el equipo necesitaba a sus jugadores de más calidad. Aquel día casi hizo efecto. Soberón volvió a estrellar un balón en la madera, el tercero en tres jornadas consecutivas tras los de Granada y Córdoba, e incluso en el partido del Córdoba le anularon un gol por un fuera de juego milimétrico en una falta botada por Agus Medina. En Montilivi generó, disparó, asistió a compañeros que no acertaron y se fue otra vez con las manos vacías.
Ante el Eibar volvió a ser protagonista. Probó con un disparo lejano que el portero visitante tuvo que sacar con una buena parada. Y a pesar de eso, el partido acabó 1-3 y él, sustituido en el minuto 66.
La paradoja es que Soberón no es un delantero sin gol. Su mejor temporada fue la 2022-23 con el Eldense, en Primera Federación, donde marcó 14 goles en 41 partidos.
La pasada campaña en el Real Zaragoza, en cambio, fue la más discreta de su carrera: dos goles en 27 partidos y un descenso que todavía le pesa. Y que le persigue, no hay nada más que ver toda la rabia que le manifiestan desde la afición maña. Los portales estadísticos le acreditan, a finales del año pasado, 86 goles en 318 partidos como profesional, es decir, algo más de un gol cada cuatro encuentros. El Soberón de verdad, el que marcó la diferencia en otras categorías, tiene que estar ahí dentro.
El mensaje de Etxeberria
El nuevo técnico ha sido claro desde el primer día con toda la plantilla: no es momento de hablar, sino de hacer. Y lo ha dicho con una convicción que cobra más sentido con el caso de Soberón. Etxeberria atribuye el problema del gol del equipo más a la falta de confianza que a la falta de calidad, y ha insistido en que el Alba no puede depender de generar muchísimas ocasiones para marcar, sino de ser contundente en las pocas que tenga. Es un mensaje general, pero tiene nombre y apellidos: el del delantero que ha pisado el área rival como nadie y ha visto cómo la madera le devolvía todo lo que mandaba.
Ahora sí
El lunes, en Pucela, ante un Valladolid que llega con nueve puntos y en buen momento, no habrá segundas oportunidades que convertir en excusas. No hay medias tintas posibles: o los palos dejan de ser el enemigo y se convierten en una anécdota de la racha, o el casi se convierte en rutina. Soberón lo sabe mejor que nadie. Ya ha demostrado que sabe llegar, que sabe asistir y que sabe sacrificarse por el equipo. Ahora le toca lo más difícil, que es lo más sencillo del fútbol: meterla.
Ojalá el lunes, a las dos de la tarde. Si no sucede, Soberón estará dando toda la razón a los aficionados maño que tanto le critican y tanto odio le tienen tras el fiasco del año anterior.


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