Conviene empezar por lo importante: esta vez el Albacete jugó como un equipo de verdad. Sin especulaciones, sin complejos, mordiendo desde el primer segundo. No habían pasado dos minutos cuando una acción local rozó el larguero, y un minuto después Ortuño, ante su exequipo, mandó un disparo que se marchó pegado al palo. La presión adelantada, esa que Etxeberria llevaba toda la semana pidiendo, asfixió a un Eldense que llegaba con tres victorias seguidas y que no encontró forma de salir jugando.
San Bartolomé abrió el marcador en el minuto 19, después de un saque de banda de Corpas, con un control orientado y un disparo imparable. Y en el 44 llegó el gol que lo cambió todo.
Higinio
Valverde se internó por la izquierda y puso un balón al área pequeña. Allí apareció Higinio, que con la punta de la bota desvió lo justo para superar al portero. 2-0. Y entonces ocurrió lo que nadie en el Belmonte olvidará: el delantero de Calasparra rompió a llorar, levantó los dedos hacia el cielo y dedicó el gol a su padre, fallecido hace unos meses.
Detrás de esas lágrimas hay una historia que el albacetismo conoce bien. Veinte meses sin ser titular. Una fascitis plantar que nunca terminaba de curarse. Una operación. La pérdida de su padre. Y la decisión de reducirse el sueldo a la mitad para seguir vistiendo esta camiseta. Su último once inicial había sido el 16 de febrero de 2025, curiosamente contra el Oviedo entonces entrenado por Javi Calleja, el técnico del Eldense. Este domingo, con el 12 de nuevo a la espalda, volvió a ser titular, volvió a marcar en el Belmonte y volvió a sonreír entre lágrimas. Como contábamos cuando marcó el penalti de Granada, su calvario merecía un final feliz. Hoy ha escrito un capítulo mucho mejor.
Y no fue solo el gol. Higinio fue una pieza fundamental de la presión que ahogó al Eldense en la primera parte, un delantero que corre, pelea y arrastra a los suyos. Etxeberria lo resumió con una frase certera: «Tiene un corazón enorme».
La suerte que por fin apareció
Seamos justos: este tipo de victorias también necesitan que el balón se ponga de tu lado. Y esta vez lo hizo. En la segunda parte, Carmona conectó un cabezazo que se estrelló en el larguero de Mariño. Y en el minuto 78, tras un error nuestro en el centro del campo, Jordi Martín se plantó solo ante el portero gallego, que aguantó, no se precipitó y le ganó el mano a mano con una intervención enorme. Esas acciones que durante diez jornadas acabaron en gol del rival hoy se quedaron en nada.
Hoy no se podía fallar. Y no se falló. El Alba no encajó, algo que según nuestras cuentas no ocurría esta temporada: la primera portería a cero tras diez partidos concediendo.
Lo que devuelve Higinio
Gracias, Higinio. Por devolver la intensidad, que se vio desde el primer minuto. Por devolver el juego, ese fútbol reconocible, vertical y valiente. Y por devolver algo todavía más difícil de recuperar: la idea de que este equipo puede ganarle a cualquiera. Cuando sonó el pitido final, el Carlos Belmonte, con 12.924 espectadores, despidió a los suyos entre aplausos con un cántico: «¡Sí se puede!». Calleja, que no había perdido ninguno de sus ocho enfrentamientos anteriores contra el Alba, se marchó sin puntos y sin su cuarta victoria seguida.
Los fichajes: Corpas, de momento
Con la mirada puesta en el mercado, hay una lectura que conviene hacer sin dramatismos. De los fichajes del verano, de momento, el único que ha mantenido un nivel sostenido es Corpas. Ha jugado todos los minutos de las once jornadas, tiró el saque de banda que acabó en el 1-0 y sigue siendo el futbolista de más confianza del entrenador.
Los que entraron desde el banquillo no dejaron una acción reseñable en la crónica: Soberón jugó desde el 61′, con el equipo luciendo brazaletes negros por el fallecimiento de su abuelo, y Rober González, desde el 80′. Y el uruguayo, Albarracín, ni siquiera salió del banquillo. Pero hoy no es día de repartir reproches. Hoy es día de dar las gracias.
Una montaña, pero un primer paso
Sigue habiendo una montaña por escalar: cuatro puntos de treinta y tres, y una clasificación todavía muy delicada. Pero hoy el Alba demostró que está vivo. Y que, cuando sale a por todas, tiene con qué. Gracias, Higinio. Que te pase siempre lo mejor.


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